No los hagamos perder más el tiempo
Ya el mundo se encarga de eso.
Cada notificación, cada video “recomendado”, cada minuto deslizado sin rumbo en una pantalla, ya está haciendo el trabajo de robar el tiempo, de vaciar el alma y de distraer la mente. Y sin embargo, muchos de los que tenemos el privilegio de enseñar, predicar o guiar en la fe, a veces nos convertimos (quiero creer que sin querer) en cómplices de ese mismo sistema que desgasta.
Porque cuando transformamos el Evangelio en entretenimiento, cuando diluimos la Palabra para “no aburrir”, cuando ofrecemos más motivación que verdad, más consejos de vida que doctrina, estamos haciéndoles perder el tiempo a las personas. Un tiempo que ya es demasiado corto, demasiado frágil, demasiado disputado por un mundo que no deja espacio para lo eterno.
No los hagamos perder más el tiempo. No los distraigamos con frases inspiradoras que suenan bien, pero no sanan el alma. No los alimentemos con contenido liviano que solo calma la ansiedad momentánea, mientras el pecado, la raíz del problema, sigue intacto, gobernando la vida desde adentro.
Los niños no necesitan solo dinámicas; necesitan conocer a Cristo.
Los jóvenes no necesitan solo pertenecer a un grupo; necesitan ser confrontados con la verdad.
Los adultos no necesitan solo orientación; necesitan arrepentimiento y transformación.
El Evangelio no fue dado para entretener, sino para redimir. No fue diseñado para mejorar la vida, sino para dar vida.
Cada vez que enseñamos sin Biblia, cada vez que predicamos sin cruz, cada vez que servimos sin confrontar el pecado, estamos formando discípulos superficiales que quieren soluciones, no salvación; alivio, no santidad; experiencias, no obediencia.
Ya este mundo está saturado de contenido, pero hambriento de verdad. Y si la Iglesia no es el lugar donde la verdad se proclama con convicción, entonces ¿dónde?
Que nuestras reuniones, lecciones y conversaciones sean un encuentro real con la Palabra viva. Que Cristo sea el centro, no la nota al pie. Que el mensaje no sea “cómo sentirte mejor”, sino “cómo ser transformado”.
Porque el tiempo que les queda, y el que nos queda, es demasiado valioso para seguirlo desperdiciando en todo lo que no salva. "Es ya hora de levantarnos del sueño.... La noche está avanzada, y se acerca el día..." Romanos 13:11-12.
Comentarios
Publicar un comentario