Querer retener el amor
Vivimos en una cultura marcada por el miedo a perder. Perdemos empleos, estabilidad, salud, proyectos… y también relaciones. En ese contexto, querer retener el amor parece algo natural, incluso virtuoso. ¿Quién no quiere aferrarse a aquello que le da sentido, compañía y consuelo? Sin embargo, la Escritura nos invita a discernir con honestidad qué tipo de “retención” estamos practicando: ¿es amor que descansa en Dios o es apego que nace del temor? La primera carta de Juan nos ofrece una clave profunda para esta reflexión. En 1 Juan 2:17–19, el apóstol afirma que “el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Juan no está hablando solo de sistemas corruptos o placeres evidentes; también está confrontando todo intento humano de asegurar permanencia fuera de Dios, incluso en cosas legítimas como el afecto, el compañerismo o la relación de pareja. --- Querer que el amor permanezca no es pecado. De hecho, el amor bíblico siempre tiene una orienta...



