Fe para Cerrar el Año y Empezar de Nuevo

A medida que nos acercamos al final de un año más, solemos mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con cierta inquietud. El futuro, incluso en el mejor de los casos, nunca se muestra del todo claro. Las responsabilidades aumentan, las finanzas a veces aprietan, y las decisiones del mañana pueden hacerse pesadas. Sin embargo, en medio de esta mezcla de cansancio y esperanza, el apóstol Pablo nos dirige a un modelo de fe que sigue iluminando generaciones: Abraham.

Romanos 4:17–22 nos presenta un cuadro profundo del carácter de Dios y de la confianza radical de Abraham. Pablo lo describe como aquel que creyó en el Dios “que da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fuesen” (v. 17). Esta no es solo una declaración poética; es una afirmación teológica poderosa. Dios no se limita a trabajar con lo que vemos o entendemos. Él crea, restaura y abre caminos donde parece no haber ninguno.

Abraham enfrentó un futuro que humanamente era imposible. Su realidad —su edad avanzada, la esterilidad de Sara— era un recordatorio constante de que no tenía control del mañana. Y aun así, dice el texto, “no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo ya como muerto” (v. 19). Es curioso que Pablo no dice que Abraham ignoró su situación, sino que la consideró. Él vio su realidad, pero eligió no permitir que esa realidad definiera su esperanza.

Aquí aparece una enseñanza clave para quienes cerramos un año con preguntas, incertidumbres o cargas sobre nuestros hombros: La fe bíblica no niega la realidad; niega que la realidad tenga la última palabra.

Pablo continúa: “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios” (v. 20). En otras palabras, Abraham no se hizo fuerte por autosuficiencia, sino por adoración. La fortaleza no vino de sí mismo, sino de mirar hacia arriba y reconocer que Dios es fiel incluso cuando nuestras circunstancias no lo son.

Y así termina el relato: “Plenamente convencido de que Dios era poderoso para hacer lo que había prometido” (v. 21). Es esta convicción, y no la ausencia de problemas, la que sostuvo a Abraham.

Al cerrar este año y mirar hacia el próximo, quizás tú también sientas que el futuro trae más preguntas que respuestas. Tal vez las cuentas, las decisiones o los compromisos pendientes te presionan. Tal vez lo no resuelto pesa más de lo que quisieras admitir. Pero Romanos 4 nos invita a un descanso profundo: Podemos fortalecernos en la fe dando gloria a Dios.

No porque sepamos exactamente lo que ocurrirá, sino porque conocemos al Dios que no cambia. Él sigue llamando vida donde solo vemos desgaste. Él sigue abriendo puertas donde solo ves muros. Él sigue sosteniendo a sus hijos cuando sienten que ya no pueden más.

Que este fin de año sea una oportunidad para hacer lo que hizo Abraham: mirar la realidad, sí… pero mirar más aún a Dios. Y caminar hacia el futuro con la convicción de que, pase lo que pase, Su fidelidad será suficiente. Porque el Dios que dio una promesa, también es poderoso para cumplirla.

Comentarios

Entradas populares