De risas incrédulas a risas de alegría
Algunas historias parecen tan absurdas que, si no estuvieran en la Biblia, las cuestionaríamos. Una mujer de 90 años que da a luz, risas nerviosas convertidas en celebración y promesas cumplidas en medio de lo imposible. Génesis 18 no solo narra un evento extraordinario; nos reta a confrontar nuestras dudas y temores frente a las promesas de Dios.
Alto, probablemente tú también estás pasando por una circunstancia completamente absurda, en la que aún puede parecer más absurdo creer que Dios está obrando.
La risa de Sara: Nuestra incredulidad y la fidelidad de Dios
Imagina la escena: Abraham y Sara están en su tienda cuando tres visitantes aparecen inesperadamente. Abraham, como buen anfitrión, los recibe con hospitalidad. Mientras tanto, Sara está escuchando la conversación desde dentro. Uno de los visitantes —el propio Dios en forma humana— le dice a Abraham que, al año siguiente, Sara tendrá un hijo.
Sara se ríe para sus adentros. Pero no es una risa de alegría; probablemente, es una risa cargada de temor, incredulidad y quizá hasta de cinismo. Después de todo, ella tiene más de 90 años y había pasado décadas enfrentando la realidad de no poder concebir. “¿De verdad? ¿Ahora que soy vieja?”, piensa. Lo que Sara no esperaba era que Dios no solo escuchara su risa, sino que la confrontara: “¿Por qué se rió Sara? ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?” (Génesis 18:13-14).
Aquí hay una conexión poderosa: la risa de Sara es una reacción humana a lo que parece absurdo, pero también es un recordatorio de cómo Dios usa lo imposible para mostrar Su gloria. Aquello que parecía el peor escenario —una mujer anciana, estéril y llena de dudas— fue el contexto perfecto para que Dios mostrara que su fidelidad no depende de nuestras circunstancias. De hecho, el hijo que Sara tuvo llevaría un nombre que encapsula esta ironía divina: Isaac, que significa "risa" (Génesis 21:1-17). Lo que comienza como una expresión de duda puede ser transformado en una celebración de lo que Dios puede hacer:
Tu realidad no limita a Dios:
Tal vez estás enfrentando un escenario que parece insuperable: un sueño que murió, una puerta que se cerró, o una situación que parece irreversible. La risa de Sara nos recuerda que lo que es imposible para nosotros no lo es para Dios. Él obra en nuestras vidas precisamente cuando pensamos que todo está perdido.Dios usa lo improbable para glorificarse:
Sara no solo enfrentaba el dolor de su pasado, sino la imposibilidad presente. Y aun así, Dios cumplió su promesa. En tu vida, lo improbable puede ser el escenario ideal para que Dios se glorifique. No se trata de ignorar tus luchas, sino de confiar en que Dios puede usarlas para Su propósito.De la duda al gozo:
La historia de Sara nos recuerda que nuestras reacciones humanas no son el final. Dios tiene la capacidad de transformar nuestras risas incrédulas en risas de alegría. Cuando enfrentes dudas, no temas reconocerlas ante Dios; Él puede usarlas como un punto de partida para algo increíble.
Cuando lo imposible es el terreno de Dios
La próxima vez que enfrentes un escenario que parece el peor posible, recuerda: Sara también estaba allí. Sus dudas no detuvieron a Dios, y las tuyas tampoco lo harán. “¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?” Esa pregunta no es solo un desafío; es un recordatorio de que las promesas de Dios no están limitadas por nuestras circunstancias.
Si estás en medio de lo que parece imposible, detente y reflexiona. Ora, confía y espera. Porque donde nosotros vemos un callejón sin salida, Dios ve el lugar perfecto para cumplir Su propósito. Y cuando eso suceda, no te sorprendas si terminas riendo, no de incredulidad, sino de alegría y asombro por lo que Él hizo.

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