Autosugestión versus Fe: ¿Dónde está nuestra confianza?

Vivimos en una época donde la autosugestión y el pensamiento positivo se presentan como las grandes soluciones a nuestros problemas. Esta "doctrina" se esparce por todas partes: "Cree en ti mismo, confía en tus capacidades, repite afirmaciones positivas, y todo cambiará". Esta mentalidad ha calado hondo en nuestra cultura, al punto de que algunos pueden llegar a confundirla con la fe cristiana. Pero, ¿realmente son lo mismo?

Podríamos definir la autosugestión es un ejercicio de la mente para convencerse de que algo es cierto, incluso cuando no lo es. Se basa en la repetición, la determinación y la confianza en uno mismo. Por otro lado, la fe cristiana no se trata de convencernos de que podemos, sino de reconocer que sin Cristo no podemos (Juan 15:5).

Nos han dicho "no dependas de nadie", pero...

El centro de la fe cristiana no es el ser humano, sino Dios. Hebreos 11:1 nos dice que "la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve", pero no como un acto de autosugestión, sino como una confianza en el carácter y las promesas de Dios. No es nuestra mente la que cambia la realidad, es Dios quien obra conforme a Su voluntad.

Cuando Jesús enseñó sobre la fe, nunca dijo: "Si te esfuerzas lo suficiente en creer, lo lograrás". Más bien, nos dirigió a una fe dependiente, como la de un niño que confía en su padre (Mateo 18:3-4). Pablo lo dejó claro en Filipenses 3:3-9 cuando afirmó que todo lo que antes consideraba valioso en su esfuerzo humano, ahora lo tenía por basura comparado con el valor de conocer a Cristo.

¿Quién es el objeto de nuestra confianza?

Aquí radica la gran diferencia: la autosugestión se enfoca en lo que yo puedo hacer por mí mismo, mientras que la fe cristiana nos lleva a descansar en lo que Dios ya ha hecho y hará por nosotros.

Vivimos en un mundo que exalta al ser humano como la medida de todas las cosas. Frases como “el poder está en ti” o “cree en ti mismo” parecen inofensivas, pero si las abrazamos sin poner mayor cuidado, podríamos estar reemplazando la fe en Dios con una fe en nuestra propia autosugestión.

El llamado de Jesús no es a confiar en nuestras fuerzas, sino a negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirle (Lucas 9:23). No se trata de repetir frases para convencernos de que todo estará bien, sino de conocer a Dios, Su carácter y Sus promesas, y descansar en Él.

Así que, ante cada desafío, cada temor, cada incertidumbre, no nos digamos a nosotros mismos: “yo puedo hacerlo”, sino preguntemos: “Señor, ¿qué quieres hacer en mí y a través de mí?” La verdadera fe no se trata de generar una ilusión mental de poder, sino de vivir en una rendición genuina a Aquel que tiene todo el poder.

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